Home/Blog/Decisiones basadas en datos

El descuento que se quedó puesto

No fue un robo ni un fraude. Fue una casilla que alguien marcó para una promoción y que nadie desmarcó. El sistema hizo lo que se le dijo, mes tras mes, sin preguntar.

Era una distribuidora de productos de limpieza para hostelería, en Murcia. Vendían a bares, restaurantes, hoteles pequeños. Tenían un catálogo grande y una lista de precios con sus descuentos por cliente, según volumen y antigüedad.

En primavera hicieron una campaña. A los clientes que pidieran material de terraza para la temporada les aplicaban un quince por ciento durante dos semanas. Marta, de administración, fue metiendo el descuento cliente por cliente en el sistema. Dos semanas después, la campaña terminó. Marta quitó el descuento de casi todos. De casi.

El que se quedó

A un hotel de la costa se le quedó puesto. No por dejadez: era un cliente con varias direcciones de entrega y líneas de pedido enredadas, y en el lío de quitar descuentos, ese se pasó. El sistema, obediente, siguió aplicando el quince por ciento en cada factura de ese hotel. Mes tras mes. En todo el catálogo, no solo en el material de terraza de la campaña.

Nadie lo notó. Las facturas salían, el hotel pagaba, el dinero entraba. Un quince por ciento de menos en la facturación de un cliente no es algo que salte a la vista cuando miras el total del mes. Es una fuga fina, constante, silenciosa. La clase de fuga que no hace ruido.

Cómo se descubrió

Lo pilló, por casualidad, el propio gerente. Estaba preparando la renovación de condiciones del año siguiente y, repasando los márgenes por cliente, vio que el de ese hotel estaba raro. Demasiado bajo para el volumen que hacía. Tiró del hilo. Once meses de facturas con un quince por ciento que no tocaba.

La cuenta le sentó mal, y no tanto por el dinero —que también—, sino por lo otro: llevaban casi un año regalando margen y se habían enterado de chiripa, porque alguien se puso a mirar. Si no llega a tocar esa renovación, el descuento seguiría puesto hoy.

—Lo que me preocupa —dijo— no es este. Es cuántos más habrá que no he mirado.

El problema no era el descuento

El descuento fue el síntoma. El problema de fondo era que nada vigilaba los precios. Las facturas se emitían correctamente —el sistema hacía justo lo que se le había dicho— pero no había nadie ni nada que levantara la mano cuando un cliente pagaba muy por debajo de lo suyo durante meses. La única defensa era que a alguien, algún día, le diera por mirar.

Y mirar a mano, cliente por cliente, en un catálogo grande, no se hace. Por eso el descuento aguantó once meses: no porque nadie se preocupara, sino porque revisarlo era un trabajo que no le tocaba a nadie y que a mano no salía a cuenta.

Poner un vigilante

Lo que montamos fue una alerta. Cada mes, el sistema compara el margen real de cada cliente con el que debería tener según su lista de precios. Cuando uno se sale de lo razonable —un descuento que no cuadra, un precio por debajo del coste, un cliente que de repente rinde la mitad— lo marca y avisa. No decide nada; solo señala lo que merece una mirada humana.

El primer mes, la alerta sacó tres cosas más que nadie sabía: otro descuento olvidado, un producto que se estaba vendiendo por debajo de coste por un error en la lista, y un cliente grande cuyo margen había caído sin que nadie lo relacionara con que había cambiado su mezcla de pedidos. Ninguna era un drama. Las tres juntas, sumadas y multiplicadas por los meses, sí.

El gerente lo dijo claro: «No quiero enterarme de estas cosas en la renovación de diciembre. Quiero enterarme el mes que pasan».

Un sistema hace lo que le dices, no lo que te conviene

Los descuentos olvidados, los precios por debajo de coste y los márgenes que caen poco a poco no suelen ser fraude: son casillas que alguien marcó y nadie desmarcó. El sistema factura obediente mes tras mes, y una fuga fina no salta a la vista cuando miras el total. Aguanta hasta que, por casualidad, alguien se pone a mirar.

Revisar precio a precio, cliente a cliente, en un catálogo grande, a mano no se hace. La defensa no es más disciplina: es una alerta que cada mes compara el margen real con el que debería ser y levanta la mano cuando algo se sale. Enterarte el mes que pasa cuesta mucho menos que enterarte once meses después.

¿Sabrías decir, ahora mismo, si algún cliente lleva meses pagando de menos?

Si tus precios y descuentos no los vigila nada, es probable que haya alguna fuga fina que no ves. Se puede poner una alerta que te avise el mes que pasa, no en diciembre. Hablemos.

Hablemos de tus márgenes